Los días transcurren sin ritmo ni pausa. Nada es previsible. Solo son momentos. Espacios en que la malvada enfermedad nos permite un resquicio de paz. Para después caer de nuevo en el agotamiento y postración o en la lucha contra el dolor. Entonces te doy mi mano para que no sientas la soledad y el frío de su acoso incesante y despiadado. Así pasan los días asediados por el fuego destructor que quema tu cuerpo dolorido. Mientras yo intento defender ante su inhumana crueldad la dignidad de tu rendición honrosa para juntos cruzar la puerta del adios.
domingo, 25 de marzo de 2012
Los Días
Los días transcurren sin ritmo ni pausa. Nada es previsible. Solo son momentos. Espacios en que la malvada enfermedad nos permite un resquicio de paz. Para después caer de nuevo en el agotamiento y postración o en la lucha contra el dolor. Entonces te doy mi mano para que no sientas la soledad y el frío de su acoso incesante y despiadado. Así pasan los días asediados por el fuego destructor que quema tu cuerpo dolorido. Mientras yo intento defender ante su inhumana crueldad la dignidad de tu rendición honrosa para juntos cruzar la puerta del adios.
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