Con el sabor Deco un tanto excéntrico de los locos años veinte, el imponente edificio cede en su día de los prestigiosos coches de lujo Woseley, iconos de la industria del motor británica, se ha convertido, conservando todo su esplendor y encanto, en un café-restaurante de la city londinense. La clientela en su mayoría inglesa, disfruta de un menú muy agradable, mas europeo que ingles. Su pasado y su atmósfera, llena de la gloria del imperio te envuelven y fácilmente crees ser un personaje del gran Gatsby. Es como una caja mágica capaz de transportarte a ese encantador y decadente sabor tan britihs, casi perdido.

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